viernes, 6 de noviembre de 2015

No toques los objetos de los muertos.

¡Wops!
Apenas y estoy a tiempo de cumplir con el Wordvember 6 :v, ojalá que sea de su agrado ñ_ñ. ¡Saludos!

 Profanación

Noodle Kattepón Váiz


Vi en el camposanto, a una pequeña protagonizar el berrinche de su vida; el motivo de sus pataletas era que ella quería apoderarse de un atractivo carro de juguete que se hallaba en la tumba perteneciente a un nonato.
Desee que alguno de los adultos que la acompañaba tomara algo de valor y entonces le diera una buena sacudida a la majadera cría. Especialmente porque ello la salvaría de sufrir un destino igual al de Valentina…
***

La visita a la tumba del abuelo paterno, había resultado de lo más aburrido. Valentina no estaba contenta, ni aun porque uno de sus tíos le diera una considerable rebanada de tarta, ella continuaba de un humor fatal.
Luego de comer el trozo de pastel, y notando que el picnic familiar acontecido en la tierra de los muertos iba para largo, Valentina decidió ir a explorar los alrededores. De esa manera encontró el sitio de eterno descanso de un niño, el mausoleo del chico estaba decorado con muchos globos de colores, y en el interior de la pequeña casa sin vidrios que resguardaran lo que ahí se encontraba, Tina vislumbró a un rechoncho oso de felpa.
Valentina estaba a punto de guardar el peluche en el interior de la bolsa que colgaba de su hombro izquierdo, cuando fue interrumpida por su madre.
―¡¿Qué haces?! Deja eso de donde lo agarraste
―¿POR QUÉ? Además, ¡ELLOS PARA QUÉ QUIEREN ESTAS COSAS!
―Obedece a tu mamá ―agregó la abuela de Valentina, usando una fuerte voz―. Ya no se deben llevar las cosas de aquí, pues ya están juzgados por los muertos. Es de ellos, y si les quitas sus cosas; se molestarán mucho.
―¡Pero yo lo quiero, yo lo quiero! ―gritaba la niña. Su mamá trataba de calmarla, pero Tina comenzó a llorar de manera amarga.
―Ya, déjenselo ―ordenó el papá de Valentina, pues no le alegraba que su pequeña consentida llorara por cosa de nada.
En Tina cesaron de pronto las lágrimas. En su lugar, una grata y burlona risa se dibujó en su boca. Triunfante, bailó un par de veces al peluche frente a la fotografía del niño difunto antes de guardarlo. Después, se dio la vuelta y dando saltos, se dirigió con prisa al lugar donde se encontraba el resto de su familia.
Un vientecillo agitó las flores vivas y muertas de las tumbas, la abuela que caminaba despacio; logró escuchar cómo se quebraba el cristal del marco que resguardaba la fotografía del señorito al que su nieta había quitado el juguete.
La abuela cerró los ojos, tratando de no pensar en que la fractura del marco representaba un mal presagio. Suspiró hondamente y rogó que nada lamentable sucediera.
Aquella noche del mismo día, los pasos en la habitación superior, hicieron que los oídos de Valentina se agudizaran. Llegó a pensar que se trataba de su padre, tal vez iba de aquí para allá, tratando de culminar los deberes del trabajo que siempre acarreaba a la casa. Sin embargo, los pasos tenían un eco distinto, se escuchaban más fuertes, más pesados; incluso hacían que polvillo se precipitara al rostro de la niña, quien dejó escapar algunos estornudos. Al tercer golpe de diminutas piedras sobre su cara, Tina abrió los ojos.
Desde la altura, la cabeza de un siniestro oso de peluche se asomaba. Parpadeaban los ojos en los que prevalecía un tono rojo, acompañado de un punto negro al centro de lo que eran los globos oculares. De la boca abierta del muñeco caían terruños de oscura tierra y de los agujeros en la circunferencia craneal de felpa, navegaba un horrible gusano de cuerpo agujereado de color morado.
 ―¡AHHHHHHHH! ¡Mamá, papá! ―gritó con desesperación Valentina al notar que un brazo de la presencia se despegaba del techo, el puño de peluche se abrió e iba con la intención de sujetarla.
―Tú vendrás con nosotros ―dijo con lúgubre voz el monstruo del techo.
―¡Noooooooo!
―Vendrás con nosotros ―habló el gusano, acrecentando el terror en Tina, pues el animal tenía un feo rostro humano.
Se acercaban el oso y el gusano a ella, la rodeaban poco a poco; apretándola hasta herir los jóvenes huesos de la criatura.
―¡Mamá, papá!
Los padres de Tina ingresaron a la habitación, se asustaron al ver cómo gritaba y se retorcía Valentina.
―¡Díganle que no, que no quiero ir con ellos! ―decía la chiquilla, señalando  hacia el techo.
―¡Cálmate Valentina! ―respondía afligida su madre.
―¡No, no quiero ir!
―¡¿Con quién hija, con quién, quién?!  ―vociferaba el papá de la niña, mirando hacia el lugar que su hija, a duras penas señalaba.

»―¡TÚ VENDRÁS!
―¡AHHHHHHHH! ―chilló Valentina, antes de que su cuerpo se desplomara.

Hay cosas que el alma de un adulto no puede vislumbrar, pero hay acciones que sí pueden evitar. Si los padres de Valentina hubieran atendido a la sabiduría de la abuela, tal vez Tina aún se encontrara con ellos. Sin en cambio, permitieron que su mocosa profanara el regalo más querido de un pobre niño, y por eso, el alma de Valentina se perdió entre las tinieblas de un aire maligno.

Vamos pequeña, sigue con el berrinche… ¡ja, ja, ja, ja, ja!
 






Texto: Noodle Kattepón Váiz.

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