lunes, 30 de noviembre de 2015

Mission complete.

Bueno, hoy es el último día de la actividad llamada Wordvember, y sólo me resta decir que me divertí mucho. No escribí muchos textos largos, pero sí aproveché una de las características de la red social (aunque mi cuenta no lo es tanto XD) del pollito azul para redactar breves historias que espero hayan sido del agrado para algunos de mis lectores.
Generalmente escribo historias de ese tipo sólo cuando las veo en algún sueño fugaz, o porque significan esos momentos en que la musa te sopla ideas rápidas que escribes antes de que la memoria a corto plazo se deshaga de aquellos pensamientos :v. Sin embargo, ahora fue algo difícil el tener que pensar: ¿y ahora qué escribo?, me di cuenta que a veces es uno el que tiene que ir en busca de la inspiración y que pues sí, sí se puede encontrar ñ_ñ.
Y bueno, hoy comparto una historia que también forma parte de otro intercambio creativo entre uno de mis amigos y yo. Ojalá le guste... fue tarea difícil Jos, espero que no esté tan mal.
Vale, ¡nos vemos Wordvember 2015!

Cósmicos
Noodle Kattepón Váiz





Para: Nibs Díaz Cruz.


Cuando mi pequeña hija me preguntó cómo conocí a su mamá, me quedé helado… Creí haber sentido las caricias de los dedos de Ursala sobre el pequeño tatuaje con figura de cometa que llevo en la espalda baja. Así como sucedió un día en que sentíamos la fusión de nuestros espíritus a través de la carne y la piel que emanaba embriagantes vapores que nos hacían vociferar los quejidos que nos otorgaba la petite mort.
Ushy me observaba, yo ponía atención a las gotas de sudor que resbalaban desde su cuello y terminaban su camino sobre las curvas de los pequeños senos de aquella mujer que me tenía encantado. De pronto, las mejillas de Ursala se tornaron rojas, me atrajo hasta su pecho y ahí; distinguí una gota que negaba a reventar su aliento en la descolorida piel de Ursala, el líquido de esa gota era de un azul más intenso que el cabello de Ushy, y en ella se encontraba una Ursa más diminuta. Todo lo era ella, y era para mí.
     Los frágiles dedos de mi novia recorrían la figura del tatuaje, y éste me provocaba sensaciones que se mezclaban en deliciosos choques eléctricos; además de la piel, la tinta, las caricias, todo con los sentimientos de Ursa. Escondí la frente en su hombro izquierdo, lamí su pecho, apreté su entalle… nos volvimos a fusionar con fuerza.
     Le dije que no tocara más la cicatriz. Ursala se rió.
     —¿Por qué te grabaste eso? —preguntó, regalándome un beso en el cuello.
     —No lo sé, creo que soñé algo. Es… un recordatorio.
     —¿De qué?
     —… No lo sé.
     —Oye Maddox…
     —¿Sí?
     —Te amo.
     Nos dimos un beso, la levanté de la alfombra en que nos encontrábamos y la llevé a la cama. Abrazados en lo que parecía un sueño de amor eterno, nos dormimos.
     —Papá, ¿cómo conociste a mami? —de nuevo me preguntó ella. Besé una de las mejillas de Hipnnó, le dije que se durmiera, y yo; tomando un lugar sobre la mecedora, cerré los ojos para recordar la primera vez que te conocí.
***
Para el último concierto, solicité que se montara un gran espectáculo de luces, también, durante algunas canciones estallarían pequeños juegos pirotécnicos, y las chispas de ellos estarían acompañadas con el artificial humo de máquinas colocadas en estratégicos puntos del escenario.
     Mis peticiones tenían un propósito, volver a encontrarme con la misteriosa joven de cabello azul que había estado apareciéndose entre las luces y el público asistente a mis giras musicales. Era un singular fantasma de piel descolorida, de esculpida figura y de unos hermosos ojos magentas. Pero, su presencia no terminaba ahí, la joven de cabello azul ponía esmero en robarme el sueño, la peliazul ya era una de las más importantes presencias en mis oníricos mundos. Sin embargo, siempre que trataba de alcanzarla o preguntarle el por qué de sus apariciones, siempre se alejaba, regalándome una preciosa sonrisa.
     —¡¡¡Mad, Mad, Mad!!!
     Desde el camerino podía escuchar los gritos, silbidos y aplausos de la gente. Carla se distraía de vez en cuando, no por el escándalo, sino por mis ojos.
     —Te ves cansado, ya casi no puedo esconder las ojeras —repetía la maquillista mientras daba pequeños golpes con una esponja sobre el área de mis ojos.    
     —Hace juego con la imagen que debo tener.
     —¡Ja! Por supuesto que no, estás fuera de balance.
     —Hoy quiero que amarres el cabello, que sea una coleta baja.
     —Muy bien.
     Observando mi reflejo en el cristal de un espejo, cerré los ojos, la invoqué, esperando que se apareciera antes de que subiera al escenario.
     “—¿Vendrás hoy, vendrás hoy?
     —Maddox —contestó. Sólo pude ver sus labios color rosa, deletreaban mi nombre y con eso estaba volviéndome loco―. Maddox…
     —¡¿Quién eres? Por favor, dime!
     —Maddox…”
     —¡Oye! Despierta, ya dieron el segundo llamado.
     —¡Qué!
     —Llegó la hora, Tristán —vociferó mi querida amiga, quien terminaba de retocar el peinado de mi cabello.
     Salir al escenario, era estimular a la más pura adrenalina. Las porras, las chicas llorando y gritando, el público extasiado por las pesadas notas de la música que compongo. Estar en el escenario y ver todo desde ahí, siempre te brinda una extraña energía.
     Eran las tres de la madrugada cuando inicié con la canción final del concierto. Se trataba de una composición que únicamente involucraba notas para el piano. Danzaban mis dedos sobre las teclas, mantenía los ojos cerrados, sentía cada nota de la música. Extasiado volví a la realidad, las fluorescentes luces del escenario se movían de un lado a otro; eran acompañadas por los activos encendedores del público, las breves llamas se agitaban en un vaivén y esos movimientos hacían que uno se sintiera como un navegante en un mar de olas negras.
     Miré el teclado del piano, de nuevo a los fans, las teclas del piano, y entonces, la vi; a la joven hermosa de largo cabello azul claro que se movía entre las barras que creaban el vapor de los encendedores y las luces del espectáculo. Un poco más tarde, se hizo presente y se detuvo muy al frente del escenario. La luz de sus ojos magenta relumbraba con fuerza, opacando así al resto de flamas amarillas. Comenzó a bailar, giraba como las muñecas de las cajas musicales, sonreía mientras observaba la danza de sus propios brazos, libres, disfrutando el movimiento de su baile.
     La vaporosa tela del vestido que usaba se levantaba gracias al aire que se creaba por cada una de las vueltas, dejando al descubierto las blancas y delgadas piernas de la chica. Arriba, los pechos se agitaban, sueltos, la transparencia de la tela superior dejaba ver a la perfección los cafés pezones contraídos por el éxtasis del baile y la música.
     Me puse nervioso al contemplar los ademanes de la peliazul, aquello provocó una equivocación de mi parte en una nota del piano. Tuve que improvisar algo para disimular el error que cometí, pero, no por ello dejé de mirar a la joven.
     «—¡Ja, ja, ja! No importa que haya perdido su belleza —escuché decirle, aquí, en el interior de mi cabeza.
     —¡¿Qué?! ¿Quién?
     —Ella, una de las preciosas notas que haces emerger en las teclas de ese piano —contestó la joven de cabellera azul mientras flotaba sobre el cuerpo del instrumento.
     —¿Quién eres? ¿Por qué-por qué me buscas?
     —Tú me llamaste, Maddox. Siempre me has platicado todo.
     —¿Qué?
     —¿No lo recuerdas?, sé todo acerca de tu música y de las canciones que has escrito sólo para mí, conozco tus pensamientos, tus tristezas y lo que te alegra. Fuiste tú el que se presentó… soy yo Mad, la chica de Urano a la que le has entregado casi todo —luego de pronunciar lo último, ella sujetó mi rostro con ambas manos y acercándose poco a poco, terminó por unir sus labios contra los míos.
     Una chica de Urano… Sí, a pesar de la fama y de saber que era conocido en gran parte de los mundos de la vía láctea, sabía que estaba solo. No tenía familia, todos los míos habían muerto. Así que desde el espacio de mi casa en Plutón, dirigí la mira del telescopio hacia el planeta azul y todas las noches miraba a ese punto y entonces hablaba con quien estuviera interesado en la vida de un músico solitario. Nunca imaginé que aquello fuera en realidad capturado por alguien… una chica a la que siempre soñé.
     Salté lejos del asiento del piano, floté al lado de la joven urana y respondí a las caricias de sus labios, encajé los dedos entre las hebras del azulado cabello de la chica, le pregunté cómo se llamaba. Con la característica sonrisa que iluminaba a su rostro, dijo que Ursala era su nombre.
     Volvimos a besarnos, sin embargo, ahora tenía plena libertad para besarla en los rincones que no cualquiera puede ver, recorría la parte inferior de su cuerpo, ella hacía lo mismo, pero ponía más atención a la piel de mi cuello, daba pequeños mordiscos y las acciones de Ushy hacían que todo en mí se estremeciera.
     —Te amo —pensamos al mismo tiempo. Nos despojamos de las prendas que aún nos separaban, y ya en lo alto del oscuro y estrellado espacio, comenzamos a movernos al ritmo de la música del piano que todavía sonaba. Era increíble lo que Ursa podía hacer, llevarme con ella y hacer que las sensaciones de nuestros cuerpos unidos fueran un idilio que parecía no tener fin.
     En ratos regresaba al escenario y en otro momento me encontraba allá arriba, acariciando todo lo que era Ushy.
     Las notas del piano se aceleraron, la intensidad del final de la canción se intercalaba con el cierre de los hechos ocurridos en el espacio.
     ¡Realidad, sueño, las voces de los amantes cósmicos, sus gritos! ¡Final, final en ambos escenarios!
     Explosión… y entonces, Ursala y yo terminamos por entregar lo que aún nos hacía falta».
***
Así comenzó todo, con noches mágicas como aquella primera vez, cuando Ursa y yo dejamos de vernos sólo por el lente de un telescopio.
     Luego, hubo un tiempo en que derramaste lágrimas, Ursala. Yo no lo comprendí y tú no dijiste nada. El tatuaje significa eso, lo que inconscientemente sabía; que más tarde ibas a unirte a las estrellas… para siempre. Sin embargo, aún vives aquí, en este pedazo de cuerpo rojo al que llaman corazón, y que nunca, nunca dejará de pertenecerte.
     Te invoco todas las noches, junto a ese tesoro que me regalaste, una pequeña que también espera encontrarte algún día, y cuando suceda, el espacio se llenará con nuestras estrellas.
     Adiós, mi querida chica del espacio.
 


*Imagen o fotografía, próximamente*




Texto: Noodle Kattepón Váiz.

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