lunes, 4 de enero de 2016

A veces la suerte no está de tu lado.

¡Hey! ¿Cómo se encuentran? Espero que bien (siento que hoy he escrito el mismo saludo una y otra vez XD), y pues regreso a estos lares con la siguiente historia, la cual fue concebida luego de la influencia que me dejó la película de una chava que le extirpa las pelotas a un tipo que estaba pasándose de listo :O. Así que luego de ver la cinta, decidí crear a mi propia chica mala :3, y el resultado fue el siguiente:



Distorsión
Noodle Kattepón Váiz



―Bueno. Mi hermano usaba con frecuencia una broma que había visto en una serie de televisión, ¿cómo decía? Mmm, ¡oh, sí! Decía que todas las mujeres bonitas estaban comprometidas o locas. Me enojaba el hecho de que él tuviera siempre a las chicas bonitas y sin defectos, mientras que yo me paseaba por todos lados sin ningún desgraciado perro que me ladrara. No lo entiendo, me portaba mejor que él, mi actitud de caballero agradaba a todas las mujeres ¿Y qué pasaba con ellas?, confundían mi forma de ser, incluso llegaron a decir que era homosexual… malditas estúpidas.
     ―Oye. También he tenido mala suerte con los hombres, pero no ando por la vida haciéndoles pagar el rechazo y el sufrimiento que me ocasionaron. Pobres, dicen que nosotras somos las difíciles cuando ni ellos mismos se entienden.
     ―Dijiste que estabas aburrida y que te contara algo, ¿crees que utilizo esto para que me tengas un poco de lástima?
     ―¿Lo ves?, ahora mismo eres idiota, claro que justificas tu manera de ser con ese relato absurdo, lo que debiste hacer fue tratar de mejorar la relación que tenías con tu hermano, incluso pudo haberte ayudado con los problemas de estima que te fuiste creando.
     ―¡Di lo que quieras maldita idiota! ¡Tú qué sabes, dime qué sabes!
     Los negrísimos ojos de la joven sentada en un cubilete de sala frente al nervioso hombre se perdieron entre los casquillos de los dientes que ella observaba con detenimiento, soportando al mismo tiempo la saliva que le brincaba en la cara porque él hablaba con potencia.
     Luego, sin decir nada y con un rápido movimiento; arrancó un canino de la boca del sujeto. Él se retorció de dolor mientras sentía cómo la sangre escurría del hoyo en su boca hasta la mano de ella.
     ―¡Oh dios mío, dios mío! ―gritó el hombre con doloroso tono. El sudor de toda la cara del sujeto se había confundido ya con sus lágrimas.
     ―Ahora yo te platicaré algo. Que mala suerte, en verdad, que mala suerte estar marcadas por el destino para lidiar con idiotas como tú. Sabes, yo tuve una hermana, muy hermosa; me atrevo a decir.
     Uno de sus compañero de la preparatoria se enamoró profundamente de ella, le decía todo el tiempo lo mucho que le gustaban sus manos, en realidad, eran la mejor obra de arte que pudo haber creado dios. Alababa la sonrisa de María, susurraba que brillaba más que la luz del día. Era una diosa ante sus ojos.
     A mi hermana nunca le molestaron esos comentarios, los veía con ternura, ojalá hubiera sospechado un poco, pero María era ingenua, siempre me pareció que no sabía que la maldad existía en el orbe.
     Ella le dejó claro a su compañero que siempre lo consideraría un buen amigo, Mari le decía que agradecía a la vida haber conocido a tan gentil persona en el universo. Amigo. Amigo era la palabra que él más odiaba en el estúpido mundo, ¿qué le hacía falta para que María lo amara?, ¡¿qué más podía hacer para transformar su amistad en amor profundo?! ¡Qué, qué maldita sea!
     Sucedió que la obsesión de aquel imbécil escapó de su enferma cabeza, secuestró a mi hermana y la mantuvo oculta del mundo por tres días. Jum. Tres días permaneció María con el cuerpo drogado, ¿puedes imaginar el jodido miedo que siente una persona paralizada, pero, consiente para sentir las asquerosas cosas que le duelen, que la humillan, que la marcan para toda la vida?
     ―Por dios… no… por dios. Dime… ¡dime si piensas hacerme algo! ―gritaba el hombre. Tragando lágrimas, sangre y saliva.
     La joven se levantó de su lugar, rodeó al sujeto y continuó el relato, susurrándole al oído el resto de la historia.
     ―Luego de su rescate, todos le dijeron que estaría bien, sin embargo; ella nunca lo superó… y un día, hundió sus manos en ácido muriático. Las quemó casi hasta deshacerlas porque no soportaba ver la escultura que apreciaba su verdugo, después partió sus labios en forma de equis, rajó su boca porque ya no podía sonreír. Ese maldito se había llevado todo lo bueno de María.
     No sé cuántos días más fue torturada por la vida que ya despreciaba como nadie. La encontramos desangrada sobre su cama, se había arrancado la lengua, tenía los ojos cerrados y las manos chamuscadas sobre su pecho rasguñado.
     La extrañé tanto, ella debía ser la que guiara nuestros caminos, ya sabes, la tradicional historia de la hija mayor que vive antes las experiencias de la vida y cuando ve que sus hermanitas están cerca de meter las patas salta como bestial fiera para decir lo que está bien o mal. Pero, el sueño quedó enterrado a seis metros bajo tierra.
     ―¿Y?, ¡ese no es mi maldito problema, déjame ir, déjame! ―pedía desesperado el hombre, tratando de zafarse de la silla a la que estaba amarrado, la madera del asiento crujía con fuerza.
     ―¿En verdad crees eso? Si que eres un pendejo, y ahora te diré por qué. Llego a la casa de Choi, abro su computadora ¿Y qué es lo que encuentro?, una ventana de charla de su correo electrónico, llena de mensajes absurdos y cursis que le dicen lo hermosas que son sus manos, que sus ojos brillan mejor que la luz de la luna y que es un ángel sobre la tierra. Malditos bastardos, ¡no saben otras palabras!
     ―Ja… ja, ja, ja.
     ―¿Por qué te ríes? ―preguntó algo sorprendida la joven.
     ―Choi, Choi, Choi. Lo que sucede es que eres una necia amargada que no entiende nada del amor. ¿No te das cuenta? Nosotros entregamos todo. Nuestras almas, el corazón, ¡Todo! Y las musas no comprenden que a veces es necesario tratarlas con mano firme para que logren ver la realidad.
     ―¡Ja!, ¿entonces fue por eso que al abrir la puerta te me echaste encima? ¿Creyendo que era tu musa? Ahora que lo noto me siento algo mareada, debe ser por el pinchazo de la aguja de tu jeringa que liberó un tóxico elixir, ¿no es así?
     El hombre temblaba, era evidente que trataba de controlarse, pero no podía, ahora también se daba cuenta que la chica hermosa no se había calmado, ¿cómo era posible que su alma siguiera en este mundo miserable y no en su edén? Luego tuvo que regresar a la realidad al escuchar con más atención la voz de… Era verdad, se parecían mucho, mas ella no era Choi, entonces ¿Dónde estaba ella, su inspiración verdadera?
     ―¡Ja, ja, ja!, aquí viene la parte que me gusta más. No encontraste a la vulnerable chica de ojos mielescos que hostigas todos los días, me atacaste a mí… Raquel, la gemela de Choi, y una fiel hermana que está siempre dispuesta a todo, incluso a vender su alma a la criatura del inframundo con tal de obtener un poco de justicia y poder.
     ¿En verdad creíste que ella sería tuya?, ¿así de fácil? ¡Ja, ja, ja! Que retrasado eres. Lo que me gusta de los poderes de inframundo es que mi sombra siempre me cuida, hace lo que le ordeno. Como ahora, que rodea tu cuello, te sujeta de manos y piernas contra la pared. Quiero que rechinen los huesos de tu tráquea hasta que ya no puedas respirar, hazlo sombra maligna, ¡deléitame con su desesperado pataleo!
     El sujeto intentaba gritar, pero la fuerza invisible que lo aprisionaba no lo dejaba emitir más que un silbido apenas perceptible. Cuánto añoraba estar en la maldita silla y no en ese lugar, retorciéndose como una de esas alimañas atrapadas por alfileres sobre un cuadro de cartón y que sirven para entretener a escuincles fastidiosos.
      ―¡Ah! Lo olvidaba, quiero adornarte con tu maldita jeringa. Entonces ¿Veamos? ¿Dónde la colocaré?, ¿qué te parece en la mano izquierda? ¡Aja, ja, ja! Ojalá pudieras ver la expresión en tu cara ¡Guau! Debiste comer un poco más para engordar tu flacucho cuerpo, mira que la aguja casi atravesó tu mano, ¿ésta será la sensación que sienten los doctores o las perras enfermeras cuando te inyectan de golpe en las nalgas? Creo que yo exageré un poco, mira cómo te escurre la sangre ¡Te digo que mires!; ¡oh! ¿No puedes moverte? Bien, ayúdale al soquete, haz que sus desorbitados ojos vean lo que sucede cuando alguien intenta dañar de nuevo a la familia de esta bruja. ¿Crees que permitiría que otro estúpido dañara a la única hermana que me queda? ¡Por supuesto que no, gusano infeliz! Atinada fue la enfermedad de Choi, de otra forma habría tenido mala suerte ¿Qué estarías haciendo con ella en estos momentos? Imaginemos y como empiezo a aburrirme otra vez ¡Juguemos!, espero que lo hagas mejor, reprobaste la primera prueba con ese cuento idiota que relataste hace un rato. Suéltalo, me parece que está cómodo sobre la pared. Vamos, respira deprisa, necesitas fuerzas ¿Y sabes por qué? Porque no te dejaré ir hasta que aprendas a respetar a la gente… Hasta que también haya desprendido tu alma.
     ―¡Maldita-perra!
     ―¿Qué terminas de decirme? Ja, ja, ja ¡Pues lo soy, nunca negué esa gran verdad! Sin embargo no tengo tiempo para debatir eso. ¿Sabes?, me gustan tus manos, tus dedos son como las ramas viejas de un árbol ¿Escucha el sonido de tus huesos al quebrarse? ¡Música para mis oídos!
     ―¡Ahhh! ¡Hija de pu… AHHHH! ―gritó el hombre al sentir el primero de sus dedos quebrarse. Raquel acariciaba el siguiente, luego lo atrapó entre su puño y apretó hasta escuchar de nuevo el ruido del hueso roto.
     ―Dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve y ¡Diez!, está bien, lo reconozco, tus gritos también me gustan. Que tonto drogar a una persona para que no grite; ¿no te hubiera gustado escuchar los gemidos de Choi? Cualquier enamorado quisiera eso, por supuesto, tú no lo sabes, eres un enfermo mental que creó ilusiones donde no las había.
     ―Po… po… por fa… vor. Déjame, no intentaré nada. Lo ju… ro.
     ―Hum. Sería amable de tu parte contarme algo de tu vida… antes de que… Bueno, ¿hay algo que quieras decir?
      ―¡Quiero irme, por favor, quiero irme! ―gritó el hombre con las manos colgadas, arrastrándose de rodillas intentaba llegar a ella.
     ―No te puedo cumplir eso, debiste pensar bien las cosas antes de venir aquí y atacarme.
     ―Déjame ir, piedad, déjame ir. Prometo dejar a Choi en paz, ¡la olvidaré y no diré nada! Es más… ¡ya no puedo hacer nada!
     ―Por favor, eso ni tú lo crees, en cuanto los huesos que te sostienen se sientan bien elegirás a otra persona, perdón, musa. Claro, siempre y cuando se parezca  a mi hermana e intentarás lo mismo. Y, esta vez te cerciorarás de que nadie intervenga en tus planes. No, le haré un favor al mundo eliminando a una cucaracha.
     Y hablando de ellas, mis hermanas odian a esos animales, prefieren estar infestadas con ratones que tener que lidiar con cucarachas, por eso las siguen tanto, porque las atraen a su vida.
     A veces pienso en María y en el infierno que atrajo a su vida, a veces me da lástima su triste alma quemándose dentro del averno. Pero qué más puedo hacer, más que atrapar almas para que la acompañen y logre descansar en paz y ¡Qué mejor que entregarle al imbécil acosador de su hermanita! Qué bien le sentará eso.
     ―¿De qué hablas?... yo no… no… lo entiendo.
     El hombre cayó al piso, jadeaba y sus manos comenzaban a ponerse negras, parecía que los huesos querían salírsele en verdad. Raquel caminó alrededor de él, se llevaba la mano al mentón de su fino rostro, luego se inclinó para ver a su presa sudorosa, descolorida, ya no peligrosa. Ella apretó la nariz y le cerró la boca, el sujeto pataleaba, la joven lo dejaba en ratos para luego continuar torturando al hombre.
     ―Siempre me ha gustado la imagen de los mártires con sus rostros elevados al cielo, a veces con expresiones alegres, otras muy tristes, exhibiendo las cicatrices que les hicieron ganarse el aprecio de la gente. Sin embargo, a ti nadie te venerará, sufrirán un tiempo, pero tu presencia en esta tierra no conseguirá trascender. Sólo yo conoceré al mártir perseguidor de las agujas encajadas en el cuerpo ―decía mientras enterraba agujas en todo el ser de su víctima, sofocando con sus manos los gritos del enamorado, luego prosiguió―. A mí pensar, eres la mejor obra de arte que pude crear. En verdad te ves muy bien, el acero le da color a tu descolorido cuerpo, también me recuerdas a los muñequitos de vudú que elaboraba cuando era pequeña ¡Dios! Como adoraba pincharlos con alfileres de colores ja, ja, ja. Mi abuela decía que era natural que me atrajeran esas cosas, ya que el cornudo se volvió mi padre.
     Bueno, tengo cosas que hacer y la verdad ya no soporto ver tu asqueroso cuerpo sobre el piso. Por cierto, sentirás un poco de calor y caerás muy despacio a las llamas de tu nuevo y permanente hogar. Ya veo el piso crujir. Sí, el fuego ya rasca la tierra para llegar a ti.
     ―Ja, ja, ja. Pin… pin… che tras… trastornada. Te crees muy, cof, cof, cof.  Lista… claro que alguien sabe lo que hoy haría… él…
     ―Te refieres a… ¿Él? Es una linda cabeza, ¿no te parece?
     ―Pero ¡Qué!
     ―Mi pequeña sombra lo trajo para mí. Nadie sabe que viniste aquí y tu único testigo descansa en paz en el estómago de los perros de mi padre. Te regalaré su cabeza, era un lindo amigo, te acompañará hasta el final.
     Un agudo grito se escucha por toda la sala y Raquel toma un lugar en primera fila para ver como se consume un demente que hablaba cosas sobre el amor.
     Luego, nada, Raquel apenas y escuchaba el tic-tac del reloj que venía desde la habitación de Choi. Luego timbró el teléfono, ella se levantó despacio, disfrutaba el sonido que se producía cuando sus botas pisaban el charco rojo entendido en el suelo.
     ―¿Bueno? ¡Hola mamá!, no, todo es tranquilo por aquí, ¿qué?, no. Nadie sospechó, en verdad creyeron que era Choi, por cierto sus clases son bastante entretenidas. ¿Cómo sigue ella?, oh, qué bien. No, dile que descanse, arreglaré un poco su departamento, hay mucha suciedad. Sí, derramé bastantes porquerías aquí. Sí, sí, cuida a Choi, le mando saludos, nos vemos pronto mamá.

*Imagen o fotografía, próximamente*




Texto original por: Noodle Kattepón Váiz.

viernes, 1 de enero de 2016

¡Feliz año nuevo 2016!

Pues ayer no me dio tiempo despedir al año viejito por estos lares, pero hoy Cat machine les desa un feliz año nuevo 2016 y pues ojalá que todas sus metas se cumplan y que sean más los buenos momentos que vivan este año. En fin, les mando muchos saludos y abrazos de súper oso pachón :D





Por: Noodle Kattepón Váiz.

lunes, 30 de noviembre de 2015

Mission complete.

Bueno, hoy es el último día de la actividad llamada Wordvember, y sólo me resta decir que me divertí mucho. No escribí muchos textos largos, pero sí aproveché una de las características de la red social (aunque mi cuenta no lo es tanto XD) del pollito azul para redactar breves historias que espero hayan sido del agrado para algunos de mis lectores.
Generalmente escribo historias de ese tipo sólo cuando las veo en algún sueño fugaz, o porque significan esos momentos en que la musa te sopla ideas rápidas que escribes antes de que la memoria a corto plazo se deshaga de aquellos pensamientos :v. Sin embargo, ahora fue algo difícil el tener que pensar: ¿y ahora qué escribo?, me di cuenta que a veces es uno el que tiene que ir en busca de la inspiración y que pues sí, sí se puede encontrar ñ_ñ.
Y bueno, hoy comparto una historia que también forma parte de otro intercambio creativo entre uno de mis amigos y yo. Ojalá le guste... fue tarea difícil Jos, espero que no esté tan mal.
Vale, ¡nos vemos Wordvember 2015!

Cósmicos
Noodle Kattepón Váiz





Para: Nibs Díaz Cruz.


Cuando mi pequeña hija me preguntó cómo conocí a su mamá, me quedé helado… Creí haber sentido las caricias de los dedos de Ursala sobre el pequeño tatuaje con figura de cometa que llevo en la espalda baja. Así como sucedió un día en que sentíamos la fusión de nuestros espíritus a través de la carne y la piel que emanaba embriagantes vapores que nos hacían vociferar los quejidos que nos otorgaba la petite mort.
Ushy me observaba, yo ponía atención a las gotas de sudor que resbalaban desde su cuello y terminaban su camino sobre las curvas de los pequeños senos de aquella mujer que me tenía encantado. De pronto, las mejillas de Ursala se tornaron rojas, me atrajo hasta su pecho y ahí; distinguí una gota que negaba a reventar su aliento en la descolorida piel de Ursala, el líquido de esa gota era de un azul más intenso que el cabello de Ushy, y en ella se encontraba una Ursa más diminuta. Todo lo era ella, y era para mí.
     Los frágiles dedos de mi novia recorrían la figura del tatuaje, y éste me provocaba sensaciones que se mezclaban en deliciosos choques eléctricos; además de la piel, la tinta, las caricias, todo con los sentimientos de Ursa. Escondí la frente en su hombro izquierdo, lamí su pecho, apreté su entalle… nos volvimos a fusionar con fuerza.
     Le dije que no tocara más la cicatriz. Ursala se rió.
     —¿Por qué te grabaste eso? —preguntó, regalándome un beso en el cuello.
     —No lo sé, creo que soñé algo. Es… un recordatorio.
     —¿De qué?
     —… No lo sé.
     —Oye Maddox…
     —¿Sí?
     —Te amo.
     Nos dimos un beso, la levanté de la alfombra en que nos encontrábamos y la llevé a la cama. Abrazados en lo que parecía un sueño de amor eterno, nos dormimos.
     —Papá, ¿cómo conociste a mami? —de nuevo me preguntó ella. Besé una de las mejillas de Hipnnó, le dije que se durmiera, y yo; tomando un lugar sobre la mecedora, cerré los ojos para recordar la primera vez que te conocí.
***
Para el último concierto, solicité que se montara un gran espectáculo de luces, también, durante algunas canciones estallarían pequeños juegos pirotécnicos, y las chispas de ellos estarían acompañadas con el artificial humo de máquinas colocadas en estratégicos puntos del escenario.
     Mis peticiones tenían un propósito, volver a encontrarme con la misteriosa joven de cabello azul que había estado apareciéndose entre las luces y el público asistente a mis giras musicales. Era un singular fantasma de piel descolorida, de esculpida figura y de unos hermosos ojos magentas. Pero, su presencia no terminaba ahí, la joven de cabello azul ponía esmero en robarme el sueño, la peliazul ya era una de las más importantes presencias en mis oníricos mundos. Sin embargo, siempre que trataba de alcanzarla o preguntarle el por qué de sus apariciones, siempre se alejaba, regalándome una preciosa sonrisa.
     —¡¡¡Mad, Mad, Mad!!!
     Desde el camerino podía escuchar los gritos, silbidos y aplausos de la gente. Carla se distraía de vez en cuando, no por el escándalo, sino por mis ojos.
     —Te ves cansado, ya casi no puedo esconder las ojeras —repetía la maquillista mientras daba pequeños golpes con una esponja sobre el área de mis ojos.    
     —Hace juego con la imagen que debo tener.
     —¡Ja! Por supuesto que no, estás fuera de balance.
     —Hoy quiero que amarres el cabello, que sea una coleta baja.
     —Muy bien.
     Observando mi reflejo en el cristal de un espejo, cerré los ojos, la invoqué, esperando que se apareciera antes de que subiera al escenario.
     “—¿Vendrás hoy, vendrás hoy?
     —Maddox —contestó. Sólo pude ver sus labios color rosa, deletreaban mi nombre y con eso estaba volviéndome loco―. Maddox…
     —¡¿Quién eres? Por favor, dime!
     —Maddox…”
     —¡Oye! Despierta, ya dieron el segundo llamado.
     —¡Qué!
     —Llegó la hora, Tristán —vociferó mi querida amiga, quien terminaba de retocar el peinado de mi cabello.
     Salir al escenario, era estimular a la más pura adrenalina. Las porras, las chicas llorando y gritando, el público extasiado por las pesadas notas de la música que compongo. Estar en el escenario y ver todo desde ahí, siempre te brinda una extraña energía.
     Eran las tres de la madrugada cuando inicié con la canción final del concierto. Se trataba de una composición que únicamente involucraba notas para el piano. Danzaban mis dedos sobre las teclas, mantenía los ojos cerrados, sentía cada nota de la música. Extasiado volví a la realidad, las fluorescentes luces del escenario se movían de un lado a otro; eran acompañadas por los activos encendedores del público, las breves llamas se agitaban en un vaivén y esos movimientos hacían que uno se sintiera como un navegante en un mar de olas negras.
     Miré el teclado del piano, de nuevo a los fans, las teclas del piano, y entonces, la vi; a la joven hermosa de largo cabello azul claro que se movía entre las barras que creaban el vapor de los encendedores y las luces del espectáculo. Un poco más tarde, se hizo presente y se detuvo muy al frente del escenario. La luz de sus ojos magenta relumbraba con fuerza, opacando así al resto de flamas amarillas. Comenzó a bailar, giraba como las muñecas de las cajas musicales, sonreía mientras observaba la danza de sus propios brazos, libres, disfrutando el movimiento de su baile.
     La vaporosa tela del vestido que usaba se levantaba gracias al aire que se creaba por cada una de las vueltas, dejando al descubierto las blancas y delgadas piernas de la chica. Arriba, los pechos se agitaban, sueltos, la transparencia de la tela superior dejaba ver a la perfección los cafés pezones contraídos por el éxtasis del baile y la música.
     Me puse nervioso al contemplar los ademanes de la peliazul, aquello provocó una equivocación de mi parte en una nota del piano. Tuve que improvisar algo para disimular el error que cometí, pero, no por ello dejé de mirar a la joven.
     «—¡Ja, ja, ja! No importa que haya perdido su belleza —escuché decirle, aquí, en el interior de mi cabeza.
     —¡¿Qué?! ¿Quién?
     —Ella, una de las preciosas notas que haces emerger en las teclas de ese piano —contestó la joven de cabellera azul mientras flotaba sobre el cuerpo del instrumento.
     —¿Quién eres? ¿Por qué-por qué me buscas?
     —Tú me llamaste, Maddox. Siempre me has platicado todo.
     —¿Qué?
     —¿No lo recuerdas?, sé todo acerca de tu música y de las canciones que has escrito sólo para mí, conozco tus pensamientos, tus tristezas y lo que te alegra. Fuiste tú el que se presentó… soy yo Mad, la chica de Urano a la que le has entregado casi todo —luego de pronunciar lo último, ella sujetó mi rostro con ambas manos y acercándose poco a poco, terminó por unir sus labios contra los míos.
     Una chica de Urano… Sí, a pesar de la fama y de saber que era conocido en gran parte de los mundos de la vía láctea, sabía que estaba solo. No tenía familia, todos los míos habían muerto. Así que desde el espacio de mi casa en Plutón, dirigí la mira del telescopio hacia el planeta azul y todas las noches miraba a ese punto y entonces hablaba con quien estuviera interesado en la vida de un músico solitario. Nunca imaginé que aquello fuera en realidad capturado por alguien… una chica a la que siempre soñé.
     Salté lejos del asiento del piano, floté al lado de la joven urana y respondí a las caricias de sus labios, encajé los dedos entre las hebras del azulado cabello de la chica, le pregunté cómo se llamaba. Con la característica sonrisa que iluminaba a su rostro, dijo que Ursala era su nombre.
     Volvimos a besarnos, sin embargo, ahora tenía plena libertad para besarla en los rincones que no cualquiera puede ver, recorría la parte inferior de su cuerpo, ella hacía lo mismo, pero ponía más atención a la piel de mi cuello, daba pequeños mordiscos y las acciones de Ushy hacían que todo en mí se estremeciera.
     —Te amo —pensamos al mismo tiempo. Nos despojamos de las prendas que aún nos separaban, y ya en lo alto del oscuro y estrellado espacio, comenzamos a movernos al ritmo de la música del piano que todavía sonaba. Era increíble lo que Ursa podía hacer, llevarme con ella y hacer que las sensaciones de nuestros cuerpos unidos fueran un idilio que parecía no tener fin.
     En ratos regresaba al escenario y en otro momento me encontraba allá arriba, acariciando todo lo que era Ushy.
     Las notas del piano se aceleraron, la intensidad del final de la canción se intercalaba con el cierre de los hechos ocurridos en el espacio.
     ¡Realidad, sueño, las voces de los amantes cósmicos, sus gritos! ¡Final, final en ambos escenarios!
     Explosión… y entonces, Ursala y yo terminamos por entregar lo que aún nos hacía falta».
***
Así comenzó todo, con noches mágicas como aquella primera vez, cuando Ursa y yo dejamos de vernos sólo por el lente de un telescopio.
     Luego, hubo un tiempo en que derramaste lágrimas, Ursala. Yo no lo comprendí y tú no dijiste nada. El tatuaje significa eso, lo que inconscientemente sabía; que más tarde ibas a unirte a las estrellas… para siempre. Sin embargo, aún vives aquí, en este pedazo de cuerpo rojo al que llaman corazón, y que nunca, nunca dejará de pertenecerte.
     Te invoco todas las noches, junto a ese tesoro que me regalaste, una pequeña que también espera encontrarte algún día, y cuando suceda, el espacio se llenará con nuestras estrellas.
     Adiós, mi querida chica del espacio.
 


*Imagen o fotografía, próximamente*




Texto: Noodle Kattepón Váiz.